Archivo de la categoría: libros

Star Wars vs. Star Trek

Infografía final para dejar en claro que franquicia es más exitosa.

star-wars-star-trek-infographic

Anuncios

Libros y drogas: una guía básica de la literatura yonqui

Drogas y literatura: una combinación que de forma explícita o velada ha dado grandes resultados literarios, obras de culto que a menudo se han tenido que enfrentar a la incomprensión o al ostracismo, pero que en otras ocasiones se han convertido en codiciada mercancía para productores de cine. Hacemos un repaso por algunos de los libros más representativos del género.

Es inevitable: cuando se habla de drogas y literatura, el primer nombre que viene a la cabeza es el de William Burroughs, ese autor icónico a quienes se arrimaron todas las generaciones, de Patti Smith a Kurt Cobain, y que hizo de su cuerpo una suerte de cobaya química. Pero hay mucho más: basta con rascar un poco la superficie para encontrar clásicos de todas las épocas, algunos escritos desde la experiencia como usuario de una droga, otros que se centran en los aspectos contraculturales o sociales de dicho consumo, y hasta quienes se centran en las drogas farmacéuticas. Si no te has adentrado en este universo literario, aquí tienes unos cuantos autores que te llevarán de la mano por el terreno. El viaje está garantizado. No siempre es agradable, pero es difícil de olvidar.

1. Thomas de Quincey: “Confesiones de un Inglés Comedor de Opio”

En 1822, el británico Thomas de Quincey publicó “Confesiones de un Inglés Comedor de Opio”, el primer volumen de una autobiografía de tres tomos en las que confesaba su adicción al opio y sus intentos por desengancharse de la droga. En él relata su paso por los salones de opio, las visiones que tiene, recuerdos de su infancia y, por supuesto, el particular ambiente de aquellos lugares en los que se iba a consumir láudano y derivados de la amapola, con gente a la que describe prácticamente como a zombies.

ultimos-dias-thomas-quincey-2006-rafael-balle-L-14X1lA

2. Tom Wolfe: “Ponche de Ácido Lisérgico”

“Ponche de Ácido Lisérgico” es una de las obras menos conocidas de Tom Wolfe pero, sin duda, de las más reivindicables. Durante meses, Wolfe estuvo acompañando a Ken Kesey y sus “felices bromistas” (entre los que se encontraba Neil Cassady) en un viaje por Estados Unidos en los años sesenta. Durante esos meses, Kesey organizó fiestas lisérgicas y hasta hacían “tests de ácido”, como si se tratara de un examen más. A través de sus páginas Wolfe nos cuenta las fiestas, las visiones de los participantes cuando iban de ácido, los problemas de Kesey con las autoridades norteamericanas y hasta un encuentro con Hunter S. Thompson y los Ángeles del Infierno (a quienes entonces acompañaba el escritor gonzo) y que se saldó con una violación en grupo.

wolfe_acid

3. Alexander Trocchi: “El Libro de Caín”

Conocido como el “beat escocés”, Alexander Trocchi se enganchó a la heroína en los años 50. En 1960 publicaba “El Libro de Caín”, en el que rememora su experiencia en Nueva York, que alterna con recuerdos de su infancia en Glasgow. Prohibida durante años en el Reino Unido, es una obra de culto y la última referencia en la bibliografía de un autor polémico y que aspiraba, como dice en aquí, a la “insurrección invisible de miles de mentes”.

220px-Alexander_Trocchi_1967

4. William Burroughs: “El Almuerzo Desnudo”

Sin duda, una de la obra por antonomasia cuando se habla de “literatura yonqui”. Escrita en 1959, no se pudo publicar en Estados Unidos y vio la luz a través de la editora francesa Olympia Press. La novela narra las correrías y alucinaciones de Lee (alter ego de Burroughs) por Tánger, Estados Unidos, México… y su propia mente, donde transcurren los episodios más delirantes del libro, fruto de las alucinaciones que le provocaban todo tipo de estupefacientes, desde la heroína a la marihuana. Polémica y censurada, se trata además de una obra adelantada a su tiempo, en la que Burroughs incorpora alguna de sus revolucionarias ideas en torno a la escritura (fue precursor del “cut and paste” literario) y está concebida para que el lector lea sus capítulos en el orden que quiera.

images-3

5. Robert Sabbag: “Ciego de Nieve”

“Ciego de Nieve” es la crónica de Zacharie Swan, un ejecutivo de Nueva York que interceptó un alijo de coca y que se vio involucrado durante un tiempo en una de las mayores redes de narcotráfico de los setenta. Sabbag cuenta la historia de Swan con precisión analítica, haciendo hincapié en el complejo proceso que sigue la coca desde que sale de Latinoamérica hasta que llega a la nariz estadounidense de turno. En 1998, se publicó una edición especial de sólo 100 números, diseñada por el artista Damien Hirst, que incluía un espejo, una tarjeta de crédito falsa y un billete de 100 dólares hecho un turulo y escondido en el libro.

images-4

6. Hunter S. Thompson: “Miedo y Asco en Las Vegas”

Otro periodista metido en harina, pero hasta las cejas, no como espectador ni cronista. Thompson y su abogado Óscar Z. Acosta emprendieron un particular viaje de Los Ángeles (donde estaban llevando a cabo una entrevista en profundidad para un reportaje sobre la muerte de Ramón Salazar, un presentador de televisión) a Las Vegas para cubrir una competición de motocross. Por supuesto, con un cargamento de drogas alucinante en el maletero del coche. La estancia en Las Vegas se convirtió en uno de los libros más delirantes no sólo de la literatura yonqui, sino del nuevo periodismo. De hecho, HST creó el personaje de Raoul Duke  para esta novela… y con él, el periodismo gonzo.

1349705250243

7. Jean Cocteau: “Opio. Diario de una Desintoxicación”

El surrealista francés es otro de los que se enganchó al opio. Cocteau, que atribuyó a la droga la consecución de “horas perfectas”, pasó dos años en la clínica de Saint-Cloud para desintoxicarse. De esa reclusión voluntaria nació una de sus obras más famosas, “Los Niños Salvajes”, pero también este diario en el que reflexiona sobre la vida (de la que dice que es una “caída horizontal”) y disecciona sus experiencias vividas bajo el influjo de la droga no sólo a través de las palabras, sino también con sus característicos dibujos.

opio5

8. Jim Carroll: “Diario de un Rebelde”

Aunque en España se tradujo como “Diario de un Rebelde”, el título original, “The Basketball Diaries”, hace referencia al contexto de estos diarios del poeta y cantante Jim Carroll: durante su adolescencia, lo que empezó siendo un consumo cuyo fin era mejorar sus resultados en baloncesto terminó en una adicción adolescente a la heroína que recuerda, inevitablemente, a Christianne F., que también plasmó su experiencia en libro. Tal vez, uno de los momentos más demoledores de estos diarios es ese sencillo poema, casi un haiku, en el que Carroll manifestó su deseo de volver a ser “puro”.

jimcarroll

9. Irvine Welsh: “Trainspotting”

Pocas veces un debut literario hace tanto ruido como el que hizo la primera novela de Irvine Welsh, un retrato agridulce sobre unos jóvenes de Edimburgo sin futuro alguno y que ven en la heroína su única escapatoria de la realidad. Lejos de la crónica descarnada, y pese a la sordidez, contiene buenas dosis de humor negro y un monólogo antológico: “Elige la vida. Elige un empleo. Elige una carrera. (…) Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?

trainspotting

10. Hubert Selby Jr.: “Réquiem por un Sueño”

Y para terminar, otra novela: un auténtico descenso a los infiernos de la mano de una familia disfuncional. Una mujer viuda y su hijo, que se enganchan a las anfetaminas y a la heroína, respectivamente: la droga recetada por un médico sin demasiados escrúpulos frente al “azúcar moreno” que sólo se puede conseguir de forma ilegal en las calles. El medio, y la fórmula, son lo de menos, los resultados son igualmente demoledores en esta claustrofóbica y desasosegante obra.

requiem

Vía: http://www.playgroundmag.net/

Etiquetado , , , , ,